Tom en pantalones de cuero

TOM OF FINLAND ⎢ Dome Karukoski, 2017

Otra oportunidad perdida. En Tom of Finland (Finlandia, 2017), dirigido por Dome Karukoski, se apuesta más por los dramas vivenciales que por ahondar en las fibras sensibles del homoerotismo. Son los riesgos del biopic, género más preocupado por los sedimentos del presente que por las revoluciones del pasado. Poco hay en el filme de lo travieso de las ilustraciones del finlandés Touko Laaksonen, y que firmó con el seudónimo que da título a la película. Apenas aparecen unos minutos las imágenes de los cuerpos masculinos a los que dio vida: los músculos llevados a la exageración, los pezones pronunciados, las chamarras de cuero, los pantalones apretados, pero sobre todo, los bultos y los falos que parecen elevarse sin contención. En la película, Touko le pregunta a un admirador: “mis ilustraciones, ¿te excitaron?”, a lo que responde afirmativamente, aunque el espectador detrás de la pantalla pueda decir poco.

Si el poseer una ilustración de Tom of Finland sugería el interés por iniciar un encuentro, en la película esos códigos están desaliñados. Es un filme que explica, pero no invita. El mayor interés está en reconocer la historia de la persona detrás del seudónimo, una vida que se encuentra entre dos polos tan catastróficos como lo son la Segunda Guerra Mundial y la epidemia del VIH. En sus primeras escenas, se sugiere que la iconografía y el imaginario de sus ilustraciones provinieron de la guerra: de los uniformes militares, de los encuentros en la naturaleza y de la intimidad que había entre los soldados. En medio está el contraste entre la atmósfera represiva de Helsinki y los paisajes soleados de California. Touko vivió la tragedia de la clandestinidad, la paranoia de ser identificado y por lo tanto encarcelado o enviado a un hospital psiquiátrico. Los policías y los machos dominantes que protagonizaban sus ilustraciones parecían doblegar esa represión y permitían a los homosexuales entregarse a sus fantasías.

Pero el filme se empeña en ser congratulatorio. De ahí que concluya con una escena que es un vicio típico del biopic, con el protagonista siendo aplaudido al unísono por sus admiradores. Ayuda poco que la narrativa avance de forma aleatoria y a pasos agigantados, y deje supuestos por doquier. El de la hermana de Touko que mira con desagrado la vida privada de su hermano aunque no puede dejar de atenderlo. El de su pareja amorosa, que era delicado y romántico, lo contrario de lo agresivo de sus personajes. O el del soldado ruso al que Touko apuñala, y cuyo inerte cadáver le deja una impresión por toda la vida. Queda diluido, además, los procesos en que sus imágenes se diseminaron en los clubes nocturnos o en las revistas pornográficas. Si sus dibujos cambiaron vidas, desconocemos cómo. Para la película importa el aplauso, la exhibición en la galería, la visibilidad, la legitimidad, pero omite que Tom of Finland sigue estimulando los más oscuros y contradictorios deseos. HH

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