B-A-B-Y

BABY DRIVER ⎢ Edgar Wright, 2017

Una broma que en realidad no es inocente. A punto de asaltar un camión blindado, Baby le pone play a la canción que escuchará durante el atraco. Los maleantes hacen un comentario que retrasa la operación, y cuando se disponen a salir del automóvil Baby los detiene. Tiene que regresar la canción. Empezar de nuevo, hasta que el ritmo que escucha esté en sintonía con las acciones planeadas. Este gag delata el juego narrativo de la película. Hace explícita la musicalidad y la precisión con que se comete un robo (al menos como se llevan a cabo en los imaginarios que nos brinda el cine). Y Edgar Wright se luce en retratar esta intersección entre el musical y el heist movie: en sus frenéticos cortes, en sus reaction shots, o en lo chirriante de las llantas que recorren el asfalto al ritmo de funk.

Wright dirigió anteriormente el video musical Blue Song, del grupo inglés Mint Royale, en donde se observa la génesis de esta idea. En Baby Driver (EUA-GB, 2017) extiende la premisa de un habilidoso conductor que se entrega a la música mientras espera a que un grupo de bandidos asalte un banco. Conocemos el saldo pendiente que mantiene Baby (Ansel Elgort) con el líder de una banda de ladrones (Kevin Spacey), así como el equipo con el que trabaja (entre ellos Jon Hamm y Jamie Foxx), cuya formación remite más a estereotipos del género que a personajes multidimensionales. Por un accidente que tuvo en la infancia, Baby apacigua un dolor en el oído escuchando música todo el tiempo. Es un estado que la película proyecta con su banda sonora, que está activa en primer plano y en todo momento.

Podría pensarse que este mundo explicado con iPods, remixes y playlists se acerca al videoclip. Se nota que Wright eligió con anterioridad la música para marcar los trazos de escena y cámara. En una de las primeras secuencias, en que Baby camina hacia una cafetería, las letras de la canción que escucha aparecen en forma de graffiti en la calle. La imagen y el movimiento parecen antepuestas al ritmo y los altibajos de la canción. Pero los personajes también parecen estar dirigidos por la música. Cuando Baby conoce a Debora (Lily James), una chica que trabaja como mesera en una cafetería, son las canciones que comparten lo que les acerca. “Todas las canciones hablan de ti”, le comenta Debora, mientras tararea B-A-B-Y, de Carla Thomas.

El problema que le veo a Baby Driver es que Wright adopta las convenciones de las películas de crimen con mesura. Aparecen varias referencias a Bonnie and Clyde (EUA, 1967) o a Goodfellas (EUA, 1990), pero no reflejan lo doloroso de ellas. La película intenta convencernos de la naturaleza benevolente de Baby, de que carece de motivos para convertirse en delincuente. De ahí un juego con su nombre: alguien que tiene estilo, pero también alguien que es inocente. Como guionista Wright cojea en la conclusión cuando intenta demostrar su inocencia. No ayuda, además, que el actor protagonista refleja escasa personalidad, que los actores veteranos se terminen imponiendo sobre él, y que lo único interesante de su presencia sean sus rasgos angelicales. Ahí sólo queda darle la razón a uno de los personajes: baby, nada tienes que hacer en ese mundo. HH

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