Las contiendas del periodismo

SPOTLIGHT ⎢ Tom McCarthy, 2015

En una escena de Spotlight (EUA, 2015), quinta película del realizador y actor estadounidense Tom McCarthy, uno de los editores de The Boston Globe exclama que si hubieran 13 sacerdotes pederastas en la ciudad alguien se habría dado cuenta. El reportero que funge como su interlocutor responde con prontitud: “tal vez lo saben”. Es un diálogo que describe brevemente la intuición periodística, la querella de que algo no está bien pero todavía es imperceptible de ver, de que algo, por lo tanto, merece indagarse. Supone la promesa del periodismo de revelar una verdad que está al alcance de todos pero que es difícil de asimilar. Al adentrarse en la investigación, los reporteros descubren entonces que no son 13 sino 87 posibles agresores, que las autoridades eclesiásticas se han encargado de encubrir los abusos sexuales, que el problema se ha mantenido por varias décadas debido a la secrecía y al bajo perfil de las víctimas, y que existe un pacto de silencio en el que varias instituciones (como las escuelas o la policía) están involucradas.

Gran parte de lo que aparece en el filme se cuenta en el reportaje que publicó el periódico en enero del 2002: las declaraciones de los afectados, los alegatos, las cartas acusatorias, o los acuerdos clandestinos para resolver las demandas. Más que una recreación del caso, McCarthy pone interés en el proceso periodístico, en las dinámicas de trabajo e inquisición. Su mayor virtud como director está en desenvolver esta narrativa con sobriedad y juicio, de mantener el interés y la tensión a pesar de lo pardo que puede ser el proceso. Los desplazamientos de cámara en el interior de las oficinas del periódico, la paranoia detrás de las llamadas telefónicas y las posiciones en que coloca a los reporteros mientras dialogan recuerdan ampliamente a All the president’s men (EUA, 1976), de Alan J. Pakula, la película de periodismo por excelencia. Sin embargo, el trabajo de McCarthy es menos polemista y más acatado al raciocinio con que se dio el proceso. Es un estilo que puede parecer impersonal, pero que siento acorde al universo que está retratando.

La relación que establece entre los personajes me parece equilibrada y cada uno parece desempeñar un rol específico en la investigación. El personaje de Walter Robinson, interpretado por Michael Keaton, se codea con las figuras de poder y con los responsables de encubrir los abusos. Su aproximación es plenamente política, y acentúa el carácter local e histórico de lo que representa la historia para la ciudad de Boston. Destacan los personajes de Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams), quien se encomienda en escuchar con sigilo a las víctimas, y el de Mike Rezendes (Mark Ruffalo), quien busca despertar la conciencia y la sensibilidad ante los hechos. También sobresale el de Mitchell Garabedian (Stanley Tucci) como un abogado que se muestra escéptico y combativo al mismo tiempo. De estas figuras, McCarthy trama con sutileza los dramas personales de su trabajo y apela a un ligero suspenso cuando contempla la repercusión que traerá la historia en una ciudad de mayoría católica.

Existe, además, una exploración sobre el carácter cercano y distante del periodismo. Se observa en el contraste entre los planos con poca distancia focal, que hacen que las iglesias se perciban como monumentos gigantes que se imponen sobre la población, y aquellos en los que aparece el editor en jefe Marty Baron (Liev Schreiber) como si fuera un punto lejano, absorto en su papel de foráneo y observador. Hay una escena en que Walter y Sacha caminan y lamentan no haberse dado cuenta oportunamente de la noticia, mientras un travelling percibe la corta distancia que existe entre una escuela en que sucedió uno de los abusos y el recinto en el que trabajan. Son detalles que remarcan la dificultad por la que pasan los periodistas para deslindarse de los grupos en los que participan y conviven, para reconocer sus puntos ciegos, y para posicionarse de manera objetiva ante lo que están investigando.

Me parece que el mayor mérito de Spotlight está en su acertada defensa por la independencia de los periódicos frente a los intereses las instituciones públicas, las presiones de las organizaciones civiles, las demandas de las lógicas comerciales e incluso frente a los sucesos imprevisibles de la historia. Encontré inspiradora la capacidad de los personajes para otorgar credibilidad a su trabajo, para ejercer su poder de incidir en la realidad mediante la información y la investigación, y para evocar el nombre de The Boston Globe como fuerza de cambio en la comunidad. El filme me deja un enorme entusiasmo hacia el oficio y las habilidades de quienes se dedican al periodismo de investigación. Mi sorpresa es mayor al descubrir que las personas en que se basa la película han mantenido esta práctica. Son perfiles de alto calibre que son gratos de observar y admirar. HH

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