Paseantes nocturnos

ONLY LOVERS LEFT ALIVE ⎢ Jim Jarmusch, 2013

Hay algo de vampírico en el estilo de Jim Jarmusch, incluso antes de Only Lovers Left Alive (Estados Unidos, Alemania, 2013) No sólo sus personajes se desarrollan en ambientes noctámbulos, sino que además suelen ser melancólicos y solitarios. Sus historias guardan ecos con el romanticismo, tradición a la que el género vampírico gusta acercarse. Basta recordar Mystery Train (Estados Unidos, 1989) o Night on Earth (Estados Unidos, 1991), filmes en los que la noche enmarca el desarrollo de personajes excéntricos y raros. Un cinematografía de los crápulas, los inadaptados, personajes que sólo pueden cumplir su programa narrativo cuando se internan en la oscuridad.

Es posible que por eso a Jarmusch el género de vampiros le vino al dedo de maravilla. Lejos de los convencionalismos más recientes en este tipo de películas, consigue un filme fiel a su estilo; aborda un drama amoroso con un humor y una ironía muy bien acabados, donde las referencias al mundo literario y artístico delimitan a sus personajes: vampiros modernos que en el pasado han estado vinculados a Byron y a los Shelley, o bien, a Christopher Marlowe, un vampiro más dentro del filme.

Así, los personajes centrales, Eve y Adam, son vampiros de gustos sofisticados, sibaritas nocturnos que sufren por habitar un mundo insensible. En lugar de acechar a otros hombres para conseguir su sangre, los vampiros de Jarmusch la consiguen a través de dealers. Vampiros esnobs, representantes de una burguesía ilustrada que está por extinguirse. Como sus nombres señalan, son génesis fundacional del buen gusto, pero también son el fin. La renovación del género se logra cuando el vampiro se vuelve un homenaje al dandismo, no como un simple halago, sino como una muestra de la decadencia del dandi-vampiro. No hay espacio para estos seres, ya no sólo son exiliados del día, sino también de la sociedad. Prefieren caminar como flaneurs por las calles de Tánger, o conducir automóviles clásicos en la derruida Detroit de nuestros días; rozan, en algunos puntos, el patetismo y la ironía de un género aparentemente agotado.

Como en sus películas pasadas, hay una sensación de algo que se pierde pero no se sabe qué es, una suerte de tragedia inadvertida que se lleva a cabo en una narración sencilla, en un mundo ficcional bastante anodino, donde la parodia y el humor son necesarios para sobrevivir. Los vampiros de Jarmusch son exquisitos, pero también son, intencionalmente, ridículos y cursis, como lo fueran los románticos ingleses o los pintores prerrafaelistas. No son las bestias infernales, sino hombres encadenados a vivir eternamente, patéticamente. En Only Lovers Left Alive están los temas favoritos de Jarmusch. Sus vampiros no son otra cosa que adictos exquisitos, junkies perseguidores de sangre pura que intentan sobrevivir en un mundo que se derrumba y que, inmortales, no lo lograrán. CA

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Una primera versión de este texto se publicó en la Revista Ocio (suplemento de Milenio Jaslico) el 5 de junio del 2015 bajo el título de Vampiros Exquisitos.

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