El testamento de Martin Luther King Jr.

SELMA ⎢ Ava DuVernay, 2014

Como drama histórico, Selma (Estados Unidos, 2014) goza de momentos verdaderamente notables. El filme muestra la lucha por los derechos civiles de la comunidad afroamericana, y abrevia todo el proceso en un solo acontecimiento: la marcha histórica que Martin Luther King Jr. lideró del condado de Selma al de Montgomery en el estado de Alabama, y que fungió en la década de los sesenta como una celebración de la protesta. En la película se recalcan las circunstancias violentas que llevaron a tales levantamientos, las dificultades personales por las que atravesaron las miles de personas que se adhirieron al movimiento, y las estrategias que los líderes ejercieron para atraer la atención política y mediática. La realizadora Ava DuVernay impregna al filme de una enorme determinación. En la puesta en escena de las contiendas y de las movilizaciones se percibe osadía y voluntad, y eso me hace entender la amplia repercusión que el filme ha suscitado en momentos recientes.

Lo controversial en Selma es que el filme es en sí mismo un acto de protesta. Varias de las escenas que observamos tienen origen en el registro fotográfico que existe de los hechos, pero más que servir a la dramatización, hay una reapropiación de la historia por parte de la realizadora. En el filme se percibe la demanda de una comunidad de construir sus propios mitos, de revalorizar el discurso histórico que existe alrededor de ellos. De ahí que de forma simultánea me parezcan cuestionables y atribuibles las principales críticas que se han hecho hacia el filme. Primero, las que señalan las imprecisiones y falsedades, principalmente en relación a la figura del entonces presidente Lyndon Johnson. Mientras los registros históricos demuestran que apoyó incondicionalmente al movimiento de los negros, en el filme se le muestra como dubitativo, ambiguo, y el adversario que ofrece mayor resistencia política. Supongo que tal desequilibrio reside en mostrar a King como la fuerza motora de la conciencia colectiva, y medir sus esfuerzos en relación a los personajes de poder con los que se enfrentó.

Me parecen que se prestan más a la discusión las críticas que perciben al filme como chantajista y sentimentalista, aseveraciones que son más propias del ámbito cinematográfico, y que involucran directamente al espectador. Creo que Selma se excede en mostrar la lucha política como una relación de héroes y villanos, de tragedias y conquistas. Las motivaciones del gobernador de Alabama (que interpreta Tim Roth), del alguacil de Selma, y de los clérigos blancos que son convocados a la marcha quedan reducidas a una caricatura. Las escenas en que explota la violencia son demasiado catastrofistas. El momento en que Johnson se dirige a la cámara (y al espectador) para aclamar que se sobrepondrán las diferencias me parece demasiado obvio. Sin embargo, hay una escena que confiesa que detrás del “chantaje” hay inteligencia y dignidad, que es cuando King revela su estrategia de usar sus cuerpos para delatar la segregación y el racismo, maniobra que evoca necesariamente a la violencia física que vivieron los negros en los períodos de esclavitud. Si bien la retórica de Selma es aleccionadora y presuntuosa (como la de cualquier movimiento social, pensaría), nunca la encontré desmesurada o incongruente.

Más intrigante es observar cómo la lucha política de los derechos de los negros en Estados Unidos está entremezclada con la religión. No sólo me refiero a los símbolos que acompañan a los personajes, o a la presencia constante de pastores o clérigos en el movimiento, sino a la espiritualidad que se respira en las filosofía de la no violencia, y en la ocupación de las tribunas eclesiásticas para la promoción de las ideas políticas y civiles. Es mediante la palabra con que los personajes encuentran conmoción y consuelo, ya sea en los cantos de gospel que se escuchan en la película, o en la oratoria del líder que alcanza una potencia apoteósica. David Oyelowo, quien interpreta a King, hace un trabajo extraordinario con su presencia y su voz, y le concede a su personaje de un carácter mesiánico: un hombre que su fe está siendo cuestionada, que está siendo guiado por una fuerza divina, y que de forma constante está dirigiéndose hacia su muerte.

Es en las escenas de conversaciones privadas en donde se percibe con mayor claridad la repercusión que tuvo King entre sus seguidores y cercanos. Selma intenta ser el testamento de los hombres y mujeres que caminaron a lado de él. Ciertamente, en el filme se siente una voz colectiva de profunda gentileza, pero también de suma preocupación. Si bien en próximos años habrá necesidad de desmitificar a la figura de King, ahora más que nunca queda su palabra. HH

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