El largo y sinuoso camino

BOYHOOD ⎢Richard Linklater, 2014

Con el recibimiento unánime de la crítica y con la presencia de Boyhood en la temporada de premios, tanto el filme como Richard Linklater se encuentran actualmente en el interés de la discusión. Nos pareció pertinente ahondar en ambos mediante una conversación abierta y personal, y poner en contraste las posiciones que existen actualmente alrededor del filme.

Hammurabi Hernández: Lo que más me ha impresionado de Boyhood (Estados Unidos, 2014) es cómo de una película independiente y sin distribución (y del que desconocíamos como proyecto hasta que se presentó por primera vez en Sundance), ha generado una amplia atención y expectativa. De entrada, eso me da gusto porque permite que un director como Linklater, quien siempre ha estado al margen del cine industrial y popular, encuentre reconocimiento. Es indudable que la premisa del filme sea un factor predominante en tal interés. pues despierta una enorme curiosidad sobre el proceso de producción del filme: ¿cómo se definieron los personajes en periodos tan intercalados?, ¿cómo lidiaron con los cambios de la última década en las técnicas de producción?, ¿cómo se mantuvieron involucrados con el proyecto a pesar de tal distancia en el tiempo? Lo que vemos en pantalla genera admiración por el trabajo de perseverancia de quienes estuvieron en la película.

Por otro lado, está el conflicto de querer consagrar a Linklater con un filme como Boyhood, repleto de imperfecciones e irregularidades. No me sorprende que una amplia respuesta hacia el filme sea de decepción y de extrañamiento, con el argumento de que la premisa del filme no está a la altura de su ejecución y del resultado. Coincido en que el filme se siente largo y pesado (como la vida misma, pensaría), y conforme avanza se vuelve demasiado serio (como la vida, también). El encanto y la sorpresa infantil que prometen los primeros minutos se terminan convirtiendo en las largas discusiones existencialistas de las que gustan tanto a Linklater. Al actor protagonista le falta fuerza interpretativa, que no importaría si no fuera porque sus diálogos son más declaraciones de principios que aportes a la narrativa. El desarrollo de los temas que están en la película apenas están articulados, y depende del espectador encontrar las líneas tenues que hay entre cada episodio del filme. Por éstas y más razones entendería que a alguien no le guste Boyhood, que piense que esté sobrevalorada, o que considere no sea la mejor obra del realizador.

Sin embargo, más allá de si nos gustó o no el filme, me parece importante poner en cuestión esta tensión sobre lo que una película intenta lograr, lo que proyecta, y la experiencia que finalmente se construye en el espectador. Muchos críticos han catalogado a Boyhood como un “experimento”, por lo inusual en la forma en que se produjo, pero me doy cuenta que es un término problemático porque también da a entender que se justifican los desaciertos o los resultados parciales. ¿Cómo ves?

Carlos Armenta: Creo que gran parte del encanto del cine de Linklater está en sus diálogos. Desde la sencillez que caracteriza Boyhood, hasta el enredo filosófico en Waking life (Estados Unidos, 2001). Personajes que hablan entre ellos mientras el tiempo sencillamente cumple su curso es algo que caracteriza gran parte de sus filmes. Incluso en Waking life el no-tiempo es una problemática que se toca a lo largo de la película. Es insigne en Linklater el momento en que, en la serie Before… Jesse, interpretado por Ethan Hawke, declama el poema de W. H. Auden As I walked out one evening, iniciando por el verso “the years shall run like rabbits…”. Esculpir en el tiempo es la metáfora que Tarkovski usa para titular su libro. En Linklater este tipo de premisas están ahí. El tiempo y su relación con el metraje de las películas. El tiempo y sus personajes. El tiempo y sus actores. En el caso de Boyhood puede creerse que esto ha sido llevado hasta las últimas instancias, por lo que puede resultar comprensible que exista tanta atención sobre la producción. No sólo por los resultados que genera en los actores y las locaciones los doce años que transcurren, sino por lo difícil que puede resultar para una película independiente sobrevivir esos tiempos de producción, como ya has señalado. Para mí este punto conlleva la mayor problemática, ¿qué tanto puede ganar un filme en esta poco frecuente manera de producir? A mí parecer, en el caso de Boyhood, la película ha perdido más de lo que ha ganado.

Debo confesar, para continuar con este diálogo, que la película no me gustó para nada, pero que estoy de acuerdo en arrancar alejado de eso. No esto muy seguro de que el término “experimento”, que le otorga la crítica, sea el más adecuado, pero me gusta que nos haga recordar ese lado de innovación científica que tuvo en su comienzo el cine. Creo que al ser recibido como un “experimento” gran parte de las audiencias han mostrado mayor interés; mirar a varios actores envejecer en un puño de horas, es, sin duda, una experiencia fascinante. Pero, ¿hay en el filme algo más que eso? Sólo una historia sentimentalista, cursi y fallida. Boyhood1 HH: Eso es porque eres un Grinch, Carlos. En lo personal me cautivó la calidez y apertura con que Linklater representa a la paternidad. Aunque la película da la apariencia de que el chico es el protagonista, son en realidad los padres quienes sostienen el filme, y en quienes es más evidente la noción de crecimiento y del avance del tiempo. Muchas de las decisiones que toman para asumir con madurez sus responsabilidades me parecen encomiables: la madre que reingresa a la universidad para encontrar un trabajo estable, o el padre que se deshace del coche clásico de su juventud para conseguir otro que se ajuste a su nuevo núcleo familiar, entre muchas otras. Estos cambios, que a nivel narrativo sirven para hacer notar el paso de los años, a nivel temático además sirven para reflejar las condiciones económicas de la clase media estadounidense de la última década. En Boyhood se asoma la promesa gringa de que el trabajo y el sacrificio permitirán a una persona a que consiga un mejor nivel de vida, pero me parece que Linklater no lo muestra como algo sentimentalista o patriótico, sino como algo auténticamente idealista.

Pienso que por eso Mason (el protagonista) está todo el tiempo haciendo preguntas, porque tiene conciencia plena de su clase y de su tiempo, de su historia y de su genealogía. Es un personaje típico de la filmografía de Linklater, encomendado en hacer exclamaciones existencialistas. Es un arquetipo que ya lo habíamos visto en Dazed and confused (Estados Unidos, 1993) o en la serie de Before…, pero en aquellos filmes tales cuestionamientos se daban alrededor de los círculos generacionales o de las relaciones de pareja, mientras que en Boyhood pone el diente en las raíces familiares. ¿Cómo te vas definiendo como persona en una familia con tales o cuales características? ¿Qué puedes lograr y a dónde puedes llegar? La transformación de los personajes no sólo ocurre a nivel físico, sino en sus condiciones y aspiraciones como individuos, sólo que estos cambios se visualizan de forma más delicada. Por ejemplo, cuando el personaje de Patricia Arquette se encuentra años después con un chico a quien le recomendó que entrara a la escuela, esa situación reafirma el proceso por el que ella misma pasó (regresar a estudiar), lo que también implica que la biografía personal puede tener repercusiones en otras personas.

Me agrada Boyhood porque está lleno de estos detalles. Muchos se pierden frente al espectador porque las elipsis, el juego narrativo, y la duración de la película impiden retener cada momento. Pero ahí están, y repercuten casi de forma inconsciente. Creo que una lectura recomendable de la película implicaría “apretar” bien lo que corresponde a cada año, y luego darse cuenta cómo todos los episodios del filme están interrelacionados entre ellos. Como mencionas, el tiempo es elemento innegable en la filmografía de Linklater, tanto a nivel narrativo como estético, y en esta película no es diferente.

CA: Hay una carga muy fuerte en la presencia de los padres, pero creo que, aunque es posible verlos como protagonistas, es la mirada de Mason la que prevalece. El discurso está narrado a partir de su focalización. No hay momentos importantes en las que su personaje no incida el curso narrativo. Por otro lado, veo mayor apertura en la representación de la paternidad en películas como The squid and the whale (Estados Unidos, 2005) e incluso The Darjeeling Limited (Estados Unidos, 2007). Quiero decir que en estos filmes la paternidad se representa con menor convencionalidad, desarticulando los discursos habituales de la función de los padres.

Es cierto, en la película hay un tono idealista, pero también cursi. Decía Monsiváis que lo cursi era lo bello fallido. Creo que esto sucede en muchos puntos del filme. La intervención de la música en los momentos sentimentales más fuertes, claro recurso del melodrama, le da un tono que sobreexpone ciertos valores, por decirlo de alguna manera. Esto hace que en lugar de personajes, el filme se encuentre construído por estereotipos: la familia disfuncional americana, el padrastro severo y alcohólico, el padre amoroso pero irresponsable, la madre soltera que se supera; el estereotipo más claro es el que tú mencionas: el latino (ese típico de la cinematografía norteamericana, moreno y con acento fuerte) que agradece por el consejo recibido: ir a clases nocturnas, solución, que por cierto, es también un lugar común.

El problema está más allá de la autenticidad del idealismo propuesto por Linklater. Creo más bien que el problema está en el tipo de idealismo que la película representa. Un idealismo que me recuerda mucho a Frank Capra y su simpatía por el “can do” y por el New Deal empujado por Roosevelt. Al igual que Capra, Linklater ata su filme a elementos populares y ritos sociales aceptados y validados que provocan que el espectador se identifique con lo que ve en pantalla. De esta manera, se crea el clima propicio para apelar a los sentimientos de la audiencia de una forma bastante fácil, de ahí que la considere sentimentalista. Boyhood4 HH: Coincido en que hay mejores películas que abordan las vicisitudes de la paternidad sin caer en convencionalismos. The squid and the whale es un claro ejemplo, en donde el conflicto del divorcio de los padres resulta devastador porque aparecen en primer plano las mentiras y pretensiones que transcurren en el proceso. Pero al mismo tiempo, la amabilidad que irradia Boyhood me hace pensar que es raro encontrar buenos padres en el cine, en el sentido de mostrar figuras ejemplares que no sean moralistas o didácticas en exceso, y en que la separación por la que atraviesan sea lo menos dolorosa. Supongo que si la película genera problemas de identificación es porque en la realidad los vínculos familiares son tan diversos y conflictivos a diferencia de lo que vemos en pantalla, pero eso no impide que como espectador uno pueda mostrar empatía o interés por esas versiones ficticias de las familias estadounidenses.

Respecto a este idealismo capriano que mencionas, me hace pensar que Linklater coquetea fuertemente con algunas series estadounidenses de los 80, al menos las que correspondían a cierto espíritu reaganiano de la época. Historias sobre familias numerosas, ancladas en los sectores más conservadores y privilegiados del país, y que tenían justamente como premisa la noción de crecer en esos entornos (una serie expresaba esa idea en el título mismo). En Boyhood percibo esa influencia de mostrar la dinámica familiar en relación a las pugnas ideológicas por los que está pasando el país (hay que recordar que Bush Jr. era presidente cuando empezó a filmarla), pero Linklater encuentra un modo apacible e ingenioso de hacerlo, que no cae en la aparente neutralidad o en la crítica irracional. Por cierto, me pregunto qué hubiera filmado Capra de esta última década.

CA: (De Capra me imaginaría algo en el tono del documental con guión de Al Gore An inconvenient truth (Estados Unidos, 2006), con matices más encaminados hacia el espacio íntimo). Debo aceptar, por otro lado, la cantidad de temas y problemáticas que surgen con Boyhood. Por un lado es peculiar la polarización de su recepción: para algunos se trata de un “experimento” eficaz, para otros se trata de un producto fílmico sobrevalorado. Esto se deberá, en cierta medida, a la manera en que se aprecia la película. Bien atendiendo específicamente al contenido fílmico, bien atendiendo a todo el proceso que llevó su producción. Llama mi atención también cierta necesidad de Linklater (acaso se deba a una postura autoral de muchos otros directores) por documentar la ficción, es decir, por incluir elementos de documental en la ficción, problematizando ambas categorías. Pienso como Linklater en el sentido de todos los temas que presta a la discusión Boyhood: ya será el tiempo el que se encargue de discutirlos y de valorar, en última instancia, los aciertos y desaciertos de la película. Eso requiera, quizá, más de doce años. Boyhood3 HH: Me gustaría cerrar con lo que finalmente me enganchó a la película. Creo que Linklater definió muy bien lo que quería con Boyhood con la explicación que hace el personaje de Ethan Hawke respecto a The Black Album de Los Beatles. En tal disco está implícita la idea de armar una compilación de momentos que en principio están aislados, pero también cierta aflicción por un vínculo que ya se perdió y que no regresará jamás. El mismo Hawke publicó, a nombre de su personaje, una carta en que ahonda las razones de esta escena. Conforme recuerdo la película, me percato de todos los personajes, los escenarios y los ideales que se van desprendiendo de los protagonistas: el amigo con la bicicleta, los hijos del padre abusivo, la creencia de que los duendes existen en la realidad, la chica con la que Mason pensó estaría por siempre, las casas que alguna vez habitaron. Todo eso que se desvanece y que rara vez se vuelve a mencionar. En cambio, The Black Album es una simulación de lo que se mantiene, de lo que se erosiona en la memoria. Creo que esa tensión, entre lo que se recuerda y lo que se olvida, hace que la película sea algo verdaderamente especial.

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