La vida del crítico

LIFE ITSELF ⎢ Steve James, 2014

Algo inminente en el ejercicio de la crítica es la sensación de terminar expuesto frente a un interlocutor. Incluso cuando se intenta escribir lo más impersonal posible, o cuando se aparenta objetividad en el juicio que se hace de una obra, es notorio que en el discurso de un crítico hay un rastro de su sensibilidad y de su parcial visión sobre la vida, el mundo, y el arte del que escribe. El crítico, como el artista, no puede prescindir de su subjetividad en lo que expresa, y aunque habrá quien le parezca que tal posición es conflictiva o pedante, en realidad propicia a que la discusión entre aficionados o profesionales se convierta en una actividad apasionante y sumamente enriquecedora. Las mejores críticas, a mi gusto, son las que asumen con honestidad y brutalidad esa condición.

Existen, desde luego, escritores y críticos que viven con orgullo el hacer públicas sus ideas y experiencias personales. Life itself (Estados Unidos, 2014), la biografía fílmica del crítico de cine Roger Ebert, nos envuelve en ese ímpetu. Dirigida por el documentalista Steve James, el filme es en parte una adaptación de la autobiografía que escribió Ebert hace varios años, pero también un homenaje respetuoso y cálido de quienes le conocieron y acompañaron. A través del filme averiguamos las distintas etapas de su vida: desde sus inicios en el ámbito periodístico, a sus problemas con el alcoholismo, al éxito de su programa televisivo junto con Gene Siskel, a las vicisitudes de su matrimonio interracial, a los problemas médicos que padeció durante sus últimos años. A diferencia de la autobiografía escrita, el filme abre espacio a una pluralidad de voces, tanto de amigos como de realizadores, que respaldan la inteligencia y generosidad con que actúo Ebert.

De este círculo de testimonios me atrapó que cada declaración que escuchamos en la película está formulada con precisión y energía. Aunque el filme se vanagloria de ser una celebración a la vida, me percato que la jovialidad del crítico no está en los acontecimientos mismos que vivió sino en las palabras con que los narra y recuerda. Que algo tan anodino como la costumbre de ordenar un café y un croissant durante el festival de Cannes se nos presente como un evento extraordinario, habla de esa capacidad de observación y soltura. Los duelos verbales entre Siskel y Ebert son ahora legendarios porque en sus comentarios concisos y punzantes no deja de haber sinceridad. Más doloroso es escuchar el dilema de Chaz Ebert sobre la enfermedad de su esposo. Tales capítulos me producen una enorme ternura y desconsolación, no tanto por el percance físico, sino porque en sus palabras hay una mezcla de comprensión y enojo.

La película también refleja los cambios y las controversias por los que ha atravesado la crítica estadounidense en las últimas décadas. Desde la nostalgia por la enorme influencia de la prensa escrita en relación a los movimientos sociales y políticos de finales de los 60, a la popularización descarada de la crítica de cine a través de la televisión, a la democratización de la opinión y el relato autobiográfico en los espacios virtuales. Ebert participó y se adaptó a cada nuevo formato, e incluso da la impresión de que fue promotor de estas transformaciones. En su trabajo hay una reminiscencia de la importancia del crítico como figura intelectual, pero también como personalidad mediática. La popularidad que alcanzó será insuperable, sobre todo porque Ebert pertenece a las últimas generaciones de críticos que fueron beneficiados por el arbitraje de los medios masivos.

Ebert, además, fue de los pocos que defendió con vehemencia la relación implícita que existe entre la apreciación de una obra artística y la trayectoria personal de quien critica. En muchos de sus escritos se asoma una imperante actitud moral, un apego a entender al cine desde la experiencia propia y la promoción de una voz personal y preponderante. Quizá no fue el más analítico de los críticos estadounidenses, pero fue un buen acompañante que sorprendía por su carisma y por su destreza verbal. Steve James parece absorber estas cualidades y las destila entre las distintas secuencias del filme. La polifonía de voces que aparecen en el filme manifiestan la enorme influencia del crítico en amigos y realizadores, al grado de demostrar que sus palabras permanecen vivas. Aunque Life itself sea un documental un tanto sentimentalista, no dejo de resaltar su elocuencia y reverberación. El mismo Ebert estaría contento por eso. HH

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