Bajo la influencia de Dolan

MOMMY ⎢ Xavier Dolan, 2014

Hasta antes de Mommy (Canadá, 2014), siempre concebí a Xavier Dolan como una figura problemática. Me desanima, por ejemplo, que la atención que usualmente recibe se ha abocado en describirlo como un director más de forma que de sustancia. No es casualidad que asemejen su estilo a la estética del videoclip, más preocupada por los ritmos, la expresividad visual, el vínculo entre la imagen y el sonido, y los referentes a la cultura popular que por la construcción de relatos. Que uno de los cuestionamientos principales a su nuevo filme esté centrado en la selección musical sugiere dónde está su público y qué espera de él. Me retrae, además, que se le describa como un realizador de energía y vitalidad inconmensurables, cuando siempre he pensado que ese ímpetu está expresado de forma caprichosa y arbitraria. En J’ai tué ma mère (Canadá, 2009), su ópera prima y autobiografía fílmica, los personajes no dejan de gritar y hacer berrinches frente a la cámara. Su violencia me parece impostada, su rabia autoinflingida, su venganza maniquea.

También me marea el discurso que existe alrededor de él. Que sigan refiriéndose a su edad con asombro, incluso después de haber filmado cinco películas, habla de la incapacidad de la crítica de ver en Dolan algo más que una mera curiosidad. Es necesaria una lectura de su cine que prescinda de sus influencias y de truncas expectativas. Hay que dejar de verlo como un contemporáneo o un trasgresor, y exhibirlo como un realizador de formas joviales pero de principios conservadores. A nadie beneficia que se le siga considerando el enfant terrible del cine, y menos que se le empareje con un director tan opuesto como Godard. Curiosamente, Mommy me parece su obra más madura. Quizá porque es la que abraza con mayor franqueza su condición precoz y adolescente, y al mismo tiempo, la que busca objetarla con premura e insistencia. En su nuevo filme se siente una consciencia plena de los desgarros que provoca la inmadurez, tanto en la tensión que viven los personajes, como en los referentes que puede tener con sus anteriores obras. Es hasta este filme que Dolan atrapa mi atención, que me hace pensar que hay una propuesta autoral detrás de sus alborotos.

De entrada, Mommy parece una continuación natural de J’ai tué ma mère, sobre todo porque en ambos filmes coincide la conflictiva relación entre una madre y su hijo adolescente. Sin embargo, mientras en su primer filme se enfocaba en exorcizar sus propias frustraciones, en Mommy se aleja de su egocentrismo y se dedica más bien a retratar los anhelos que se configuran en el universo femenino, en particular los relacionados a la maternidad. En la película vemos los esfuerzos de Diane Després (interpretada de manera formidable por la actriz Anne Dorval) para educar en casa a su hijo Steve, un chico con problemas de conducta y que regresa al núcleo familiar después de que lo expulsan del centro correccional donde se encontraba. La inusitada proximidad con que interactúan y la flexibilidad con que se comunican entre ellos los hace ver como una pareja curiosa y descarada, pero esa concordia se interrumpe constantemente por los ataques violentos con que el hijo expresa sus insatisfacciones. El filme ahonda en la exasperación que siente la madre ante lo voluble del hijo, justifica lo contradictorio de sus acciones, y muestra que los esfuerzos que hace para sacar adelante a su retoño, tanto económica como psicológicamente, son fútiles y efímeros. Aunque Diane se desenvuelve ante el espectador como un personaje erosivo, ese defecto no oculta que hay comprensión y cuidado de su parte.

Esa empatía hacia el personaje protagonista es la que me parece renovadora en el cine de Dolan, y la que le otorga complejidad a su visión. A diferencia de J’ai tué ma mère, en que el director intentaba socavar a la figura materna, en Mommy busca enaltecerla, pero el homenaje que hace está emitido bajo una tonalidad que proviene de lo obsesivo y lo infantil. En los tres personajes que sostienen la película (Diane, Steve y Kyla, una vecina que se incorpora a la dinámica familiar de los Deprés) parece haber algún evento traumático que los mantiene atados a una condición prematura. El título mismo de la película declara ese estado de aniñamiento. Lo que me parece singular es que la “mami” a la que Dolan se refiere la percibo más en el personaje de Kyla que de Diane. El inusual apego que demuestra hacia la familia Deprés, la decisión de prestar atención a Steve y no a su propia hija, y las fotografías que anidan su habitación hacen evidente que la relación con ellos no es tan inocente. Podría uno pensar que Kyla intenta cubrir con los Deprés un vacío que corresponde a una maternidad interrumpida, como si su problema de tartamudeo proviniera más de un afán insistente de reemplazar a una figura perdida que de una razón natural o desconocida.

Si el habla y las maneras de expresarse de los personajes arremeten respecto a los vínculos familiares, la dinámica que existe en este triángulo se resalta en el manejo de la fotografía. Mucho se ha escrito de la decisión de Dolan de filmar en un radio de 1:1, que da la apariencia de mantener a los personajes encerrados dentro de sus conflictos y sus tensiones. No considero, por ejemplo, que tal formato apele completamente al de las imágenes en las redes virtuales, puesto que Mommy es sobre todo un filme de suspiros más que de retratos fijos. La imagen está enfocada a mantener la atención en la respiración y en la gestualidad de las actrices, como si en cada mueca, cada mirada, y cada movimiento leve de cabeza estuvieran guardadas todas sus emociones y frustraciones. Aunque Dolan no relega de los arrebatos que le caracterizan, ésta me parece hasta ahora su película más contenida. Como experimentador de las formas construye un gran momento cuando en una escena climática abre el radio para dar espacio a los personajes, pero es cuando lo cierra de nueva cuenta donde existe una repercusión tremenda. Esos segundos me son sumamente poderosos porque terminas a la intemperie de lo inestable de los personajes. En ningún otro filme de Dolan había sentido con tanta calma esa desesperación. HH

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