Narcisismo o la inesperada virtud del bluff

BIRDMAN OR (THE UNEXPECTED VIRTUE OF IGNORANCE) ⎢ Alejandro González Iñárritu, 2014

La manera en que se ha celebrado el nuevo filme de Alejandro González Iñárritu, Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance) (Estados Unidos, 2014), me parece muy desmedida. Es cierto, la película tiene muchos aciertos. La construcción, desarrollo y ejecución de los personajes es de gran calidad. El manejo de la cámara (que no ese obstinado truco del plano secuencia, carente de sentido) con constantes planos cerrados, generando un efecto de asfixia, es un logro alcanzado de la mano de Emmanuel Lubezki.  La banda sonora compuesta por Antonio Sánchez que acompaña la imagen y al mismo tiempo la ataca, la desestabiliza y no deja al espectador estar en paz. Un filme que por su naturaleza es incómodo, angustiante; un filme que da comezón mientras se mira. Sí, Birdman es una película de gran calidad técnica. No obstante, su entramado y contenido narrativos son, al menos para mí, muy erráticos, demasiado narcisistas.

Birdman está hecha, irónicamente, a la medida de los críticos, esos a los que la narración fílmica se ocupa de cuestionar, insultar e incluso redimir; puro bluff de Iñárritu. Si bien, este reciente trabajo se considera muy alejado del resto de sus largometrajes, un punto de unión es el bluff y la urgencia de mostrar el artificio narrativo. La estructura que guardan Amores Perros (México, 2000) y Babel (Estados Unidos, México, Japón, 2006) son ejemplos claros del gusto de su director por mostrar manifiestamente el armazón narrativo. El caso Birdman es todavía mayor, pues Iñárritu intenta unirse a la tradición del cine sobre cine, del arte sobre el arte, de preguntas que han prevalecido desde la invención de la autoría artística y la inmersión de éste en el mundo del espectáculo, de la industria cultural que vuelve del arte una máquina devastadora de hacer dinero. Aunque el filme insiste en Ícaro, el hombre alado que por culpa de la ambición cae trágicamente de su vuelo, Birdman termina instalado en Narciso, que intenta no caer en la seducción de su reflejo y no lo logra.

Catalogar al cine de grandes públicos como un cine carente de valor artístico puede convertirse en una perorata sin ningún sentido. ¿No eran Hitchcock, Fellini, Kubrick grandes realizadores que al mismo tiempo abarcaban los grandes públicos?  Es en este punto que el filme trabaja a través de lugares erráticos: opone fama y calidad artística, representa al crítico como un frustrado del arte, parodia al género de acción y superhéroes y pierde su tono crítico al no parodiarse a sí mismo, se sube al tren que cuestiona la figura de la celebridad y termina alabando la figura del autor artístico. Birdman es una película que se mira a sí misma todo el tiempo, con una mirada que insiste en presumir sus logros técnicos, como si sólo de virtuosismo técnico estuviera hecho el buen cine. No, para cine que reflexiona sobre el arte mismo tenemos todavía (Italia, Francia, 1963), Barton Fink (Estados Unidos, 1991), Adaptation (Estados Unidos, 2002). Para realizadores fílmicos que auténticamente huyen del escabroso famoseo y que dudan de las categorías de autor, género, etc.,  tenemos a Chris Marker. Dicen que la fama es la suma de los malentendidos que se reúnen alrededor de un hombre. Para malentendidos tenemos a Birdman, con un uso excepcional de la técnica, pero carente de toda autenticidad. La inesperada virtud de la reciente obra de Iñárritu es el bluff. CA

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2 comentarios en “Narcisismo o la inesperada virtud del bluff

  1. ¡Excelente crítica! Coincido contigo en varios aspectos: primero, en que el despliegue técnico en el filme es notable; segundo, en que se ponen en pantalla tópicos que sin duda seducen los horizontes intelectuales de la crítica; tercero, en que los aspectos técnicos consiguen un efecto estridente que mantiene al lector en una especie de estado de alerta; cuarto, en que el “tono crítico” que el filme busca ostentar es estentóreo a la hora de parodiar al cine de “blockbusters” pero guarda silencio al momento de parodiarse a sí mismo.
    Por otro lado, me cuestiono qué tan pertinente es enjuiciar el filme desde la idea de que goza de un “uso excepcional de la técnica” a pesar de su carencia de “toda autenticidad”. ¿Poner sobre la mesa el problema de la autenticidad no significa recurrir al mismo tipo de argumentación que se critica en el filme? Obras que se elogian aquí, como “Ocho y medio” de Fellini, por ejemplo, ponen en duda la búsqueda por la autenticidad (¿acaso “Ocho y medio” no es, además de muchas otras cosas, la historia del fracaso en la búsqueda de lo auténtico?). El momento en que el héroe del filme alcanza la redención al abandonar la fama para transitar hacia la “calidad artística”, a mi ver, puede leerse desde el tránsito de lo “inauténtico” hacia lo “auténtico”. Desde el “play safe”, la guardarropía del actor de superproducción hacia la supuesta desnudez de alma del actor de teatro. Esto como si el actor de teatro fuese, por sí mismo, un creador de arte y el actor de superproducción sólo un “entertainer”.
    La pregunta por la autenticidad es válida, a mi ver. “Birdman” explota ese raro regusto que nos queda después de presenciar el despliegue brutal de efectos especiales de las superproducciones. Ese regusto es una pregunta y el filme de González Iñarritu propone una respuesta al representar ciertos lugares de la existencia humana, de manera afortunada en opinión de algunos, no tanto en opinión de otros (p. ej. tú, junto con críticos tan conocidos como Richard Brody). Esas bambalinas descritas por la mirada persistente, demasiado persistente como para no ponerla de manifiesto: de allí aquel efecto del “plano secuencia sin sentido”, según lo interpreto yo. ¿Esos espacios son ese aire que nos falta cuando salimos de ver “The Avengers”? Quizá. El filme, al igual que esta crítica, en mi opinión, son dos búsquedas por responder a la pregunta por la autenticidad. cada cual con sus argumentos. En lo personal, quisiera tener la inteligencia de T. W. Adorno para estar más allá de la tentación (estética, casi somática) de la “autenticidad”. Mientras tanto, estoy contento de que esa pregunta pueda leerla, verla, escucharla, tanto como pueda.

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  2. No creo que el problema en el filme sea la “argumentación”, sino más específicamente el argumento. Como el mismo Richard Brody dice al respecto del filme “Birdman” is an exercise in cinematic half-assedness: it tackles big questions and offers conventional answers”. Son las respuestas a la pregunta de autenticidad las que no funcionan en Birdman.

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